El síntoma no es un error del sistema, sino la única respuesta que el sujeto encontró frente a la angustia. Des-armarlo requiere una pausa, un espacio donde la palabra pueda bordear el vacío.
La clínica no se trata de corregir, sino de escuchar aquello que insiste en la sombra. A través de la orientación lacaniana, la propuesta es un retorno a la escucha rigurosa, alejándonos de las respuestas estandarizadas para adentrarnos en la singularidad del goce y el deseo.